hernán cousté

El ROI de la marca en turismo: lo que el C-Level no puede seguir delegando

hernán cousté

Durante años, la marca en turismo fue tratada como un concepto aspiracional. Algo importante, necesario para “estar bien posicionados”, pero difícil de justificar cuando se hablaba de resultados, presupuestos o decisiones de inversión. Ese tiempo ya pasó.

Hoy, en un escenario marcado por la alta competencia entre destinos, la estandarización de experiencias y audiencias cada vez más informadas y exigentes, la marca dejó de ser un tema exclusivo del área de marketing. Se convirtió en una decisión estratégica de primer nivel. La pregunta ya no es si la marca genera retorno. La verdadera discusión es cuál es el costo real de no gestionarla con criterio estratégico.

Uno de los errores más habituales en organizaciones turísticas es intentar explicar el valor de la marca utilizando métricas pensadas para el corto plazo. Ventas directas, campañas tácticas, leads inmediatos u ocupación puntual. Cuando se mide la marca con ese prisma, suele parecer que no rinde. No porque no funcione, sino porque se la evalúa con herramientas que no corresponden a su naturaleza. La marca no compite con la performance. La sostiene, la ordena y la hace más eficiente en el tiempo.

Desde una mirada ejecutiva, la marca cumple una función clave: reducir la incertidumbre y aumentar la preferencia. En turismo, donde la decisión implica tiempo, dinero y una fuerte carga emocional, la confianza es determinante. Esa confianza no se construye con una acción aislada ni con una campaña puntual, sino con coherencia, consistencia y dirección sostenida.

Cuando la marca está bien gestionada, el impacto en el negocio es concreto. Disminuye el costo de adquisición porque el mercado reconoce y busca la propuesta. Aumenta el valor de cada cliente gracias a la repetición, la recomendación y la extensión de la experiencia. Se gana capacidad para sostener precios sin depender permanentemente del descuento. Se reduce la vulnerabilidad frente a crisis o contextos adversos. Y, quizás lo más importante, se alinea a toda la organización detrás de un mismo criterio estratégico, desde marketing y ventas hasta experiencia y comunicación.

Por eso, el debate relevante no debería centrarse en si la marca es tangible o intangible, sino en cómo se la gestiona como activo estratégico. Un liderazgo C-Level maduro no debería limitarse a mirar indicadores de activación, sino incorporar métricas que reflejen valor a largo plazo. Evolución de la preferencia de marca en mercados prioritarios, crecimiento del tráfico directo y de las búsquedas de marca, tasa de repetición y recomendación, percepción de valor frente al precio, coherencia entre promesa y experiencia real y posicionamiento relativo frente a competidores estratégicos.

Cuando estos indicadores mejoran, el negocio se ordena. El marketing deja de ser reactivo y pasa a cumplir su verdadero rol: ser una palanca de crecimiento sostenible.

En organizaciones turísticas que han alcanzado cierto nivel de madurez, la marca no se discute únicamente en el área de marketing. Se discute en el comité ejecutivo. Porque la marca define cómo se invierte, qué tipo de cliente se atrae, qué alianzas se construyen, qué experiencia se promete y qué lugar ocupa la organización en el largo plazo. Cuando el C-Level comprende esto, la conversación deja de girar en torno a cuánto cuesta la marca y pasa a enfocarse en cuánto valor estratégico está generando.

El turismo que viene no se va a definir solo por infraestructura, tecnología o volumen de pauta publicitaria. Se va a definir por claridad estratégica, coherencia de posicionamiento y liderazgo consciente. La marca no es un discurso. Es una decisión. Y como toda decisión relevante, no puede ni debe seguir siendo delegada.

Por Hernán Cousté

TravelUpdate y Turrialba firman convenio para fortalecer el destino turístico

 

Turrialba, Costa Rica – 2 de febrero de 2026

TravelUpdate, referente internacional en capacitación y marketing turístico, y la Cámara de Turismo de Turrialba han firmado un Convenio Marco de Cooperación con el objetivo de impulsar el desarrollo, la competitividad y el posicionamiento del destino turístico Turrialba, reconocido por su riqueza natural y cultural.

El convenio establece un marco de colaboración estratégica que permitirá la implementación de acciones conjuntas en áreas clave como capacitaciones presenciales y online, cursos especializados, webinars, masterclasses y workshops, así como iniciativas de posicionamiento del destino y transferencia de conocimientos.

“La firma de este convenio representa un paso importante para profesionalizar y fortalecer el sector turístico local, ofreciendo a los actores del destino herramientas actualizadas y accesibles que contribuyan a mejorar la experiencia de los visitantes y la competitividad de Turrialba”, afirmó Hernán Cousté, director de TravelUpdate.

Por su parte, Karen Castro, Directora de la Cámara, destacó: “Este acuerdo nos permitirá unir esfuerzos con un socio estratégico, potenciando nuestras capacidades y asegurando que Turrialba se consolide como un destino turístico de excelencia, sostenible e innovador”.

El Convenio Marco tendrá una vigencia inicial de dos años, durante los cuales ambas instituciones desarrollarán programas y proyectos destinados a la capacitación profesional, innovación y promoción del destino. Las acciones específicas se definirán a través de acuerdos complementarios, asegurando un trabajo coordinado y beneficios tangibles para los actores turísticos locales.

hernán cousté

Marca destino: de la información a la conexión

Durante años trabajé con destinos turísticos convencidos de que una buena comunicación de marca destino era, básicamente, una comunicación clara. Explicar la oferta, detallar servicios, mostrar infraestructura, enumerar atractivos. Y no están equivocados: sin información no hay credibilidad, ni confianza, ni posibilidad de competir seriamente.

El problema aparece cuando esa es toda la estrategia.

Hoy, la mayoría de los destinos comunica correctamente… y aun así no logra diferenciarse. Porque en un mercado cada vez más saturado, informar bien ya no alcanza. Los destinos no compiten solo por atención. Compiten por conexión.

Y la conexión no se explica. Se construye.

El límite de comunicar sólo desde lo racional

Desde la gestión turística, solemos apoyarnos en el contenido de valor como eje central de la comunicación: contenido que enseña, que aporta información útil, que responde dudas y que posiciona autoridad institucional. Es necesario, especialmente para atraer inversión, eventos, alianzas estratégicas y un turismo de mayor calidad.

Pero también tiene un límite muy claro.

Cuando un destino comunica únicamente desde lo racional, termina volviéndose intercambiable. Correcto, prolijo, profesional… pero emocionalmente plano. Y en turismo, las decisiones rara vez se toman solo desde la lógica.

Las personas no eligen un destino únicamente por lo que entienden, sino por lo que sienten cuando lo imaginan.

Marca destino: mucho más que identidad visual

Acá es donde entra en juego la marca del destino, entendida no como un logo o un slogan, sino como un relato estratégico. La marca es la forma en que un territorio se presenta al mundo, articula su identidad y expresa su visión.

Una marca destino sólida no se limita a describir lo que hay. Construye sentido. Ordena el discurso y permite que el mensaje genere identificación. Hace que el viajero, el inversor o el organizador de eventos piense: “Este lugar tiene algo que ver conmigo”.

Cuando la marca logra equilibrar información y emoción, el destino deja de comunicar solo gestión y empieza a construir vínculo.

La conexión como ventaja competitiva

Los destinos que están creciendo de forma sostenida entendieron algo clave: la experiencia turística empieza mucho antes del viaje. Empieza en la narrativa, en el tono, en la manera en que se cuenta el territorio y en cómo se humaniza su propuesta.

Conectar no significa abandonar la estrategia ni caer en mensajes vacíos. Significa incorporar una dimensión más profunda: mostrar identidad, procesos, comunidad y propósito. Mostrar que detrás del destino hay personas que piensan, deciden y creen en lo que están construyendo.

Esa conexión genera confianza. Y la confianza, en turismo, es uno de los activos más rentables.

El rol de la alta dirección en la comunicación del destino

Para quienes toman decisiones estratégicas en destinos turísticos, el desafío no pasa por comunicar más, sino por comunicar mejor. Por elevar el nivel del relato y alinear la comunicación con una visión de largo plazo.

Pasar de contar acciones a construir posicionamiento.
De informar agenda a expresar identidad.
De promocionar recursos a liderar un relato territorial coherente.

Cuando la comunicación se integra a la estrategia, deja de ser una herramienta táctica y se convierte en un verdadero instrumento de liderazgo.

En un contexto donde muchos destinos compiten por lo mismo, los que logran conectar de verdad son los que dejan de ser una opción más y empiezan a ser una elección consciente.

Y eso, en turismo, marca toda la diferencia.

Por Hernán Cousté
Especialista en marketing turístico y estrategia de destinos

hernán cousté

Hernán Cousté: Marketing ¿hacer más o dirigirlo mejor?

En turismo solemos asociar el marketing a la creatividad y la visibilidad. Sin embargo, la pregunta que realmente ordena el negocio es más simple y más profunda: ¿el marketing está generando resultados reales o solo actividad?

Cuando no hay una respuesta clara, el problema rara vez es la falta de ideas. Lo que falta es dirección. Porque el marketing, bien gestionado, no es un conjunto de acciones aisladas, sino una herramienta de gestión que impacta directamente en la rentabilidad.

Dirigir el marketing implica conectar las decisiones con los resultados del negocio. Hablar de ocupación, tarifa promedio real, ingreso por unidad disponible y costo de adquisición de clientes permite salir de las métricas de vanidad y entrar en el terreno donde el marketing se convierte en inversión.

En un sector estacional como el turismo, la planificación es clave. Anticipar la demanda, ordenar campañas y evitar la improvisación protege precios, marca y margen. No se trata de rigidez, sino de previsión: la venta empieza mucho antes del viaje.

La automatización también cumple un rol central cuando se usa con criterio. Ordena procesos, mejora la conversión y libera tiempo para lo más valioso: la experiencia del huésped. Automatizar no es deshumanizar, es ganar eficiencia.

Nada de esto funciona sin coherencia interna. Marketing, ventas y operación deben estar alineados para que lo que se comunica, se vende y se entrega sea consistente. Esa coherencia se siente hacia afuera y se refleja en los resultados.

Dirigir el marketing no es hacer más, sino hacer mejor. Es definir objetivos claros, medir impacto real y tomar decisiones con información. En turismo, el verdadero diferencial no está en hacer más marketing, sino en dirigirlo mejor.

Por Hernán Cousté

hernán cousté

La agenda del liderazgo turístico hacia 2026

De cara a 2026, el principal desafío del turismo no es la promoción, la tecnología ni la innovación en sí misma. Es el liderazgo ejecutivo.

La industria opera hoy en un contexto de alta complejidad: volatilidad económica, presión sobre márgenes, transformación digital acelerada, cambios en la demanda y equipos tensionados. En este escenario, gestionar operaciones ya no alcanza. Lo que se necesita es conducción estratégica.

El liderazgo turístico que viene no se mide por actividad, sino por calidad de decisiones.
Menos acciones tácticas desconectadas y más gobierno del negocio.

Vemos con frecuencia organizaciones que confunden movimiento con avance: campañas sin dirección, incorporación de tecnología sin modelo de gestión, equipos sobrecargados y una ausencia clara de prioridades. El resultado es previsible: desgaste interno y crecimiento limitado.

Hacia 2026, la agenda del liderazgo turístico exige foco en cinco ejes concretos:

  • Dirección estratégica clara, con objetivos definidos y criterios de priorización

  • Gobernanza de equipos, donde la cultura organizacional impacte directamente en la experiencia del cliente

  • Uso inteligente de datos y tecnología, al servicio de la toma de decisiones, no como sustituto del criterio ejecutivo

  • Sostenibilidad económica real, entendida como equilibrio entre rentabilidad, personas y destino

  • Capacidad de sostener procesos en el tiempo, más allá de la coyuntura política o del contexto macro

En turismo, liderar no es representar ni ejecutar.
Es hacerse responsable del rumbo.

Las organizaciones y destinos que crezcan de manera consistente serán aquellos que cuenten con líderes capaces de ordenar la complejidad, asumir decisiones difíciles y construir valor a largo plazo.

La agenda del liderazgo turístico hacia 2026 ya está definida.
La pregunta es quiénes están preparados para asumirla.

Por Hernán Cousté

marketing turístico

La nostalgia como puente emocional en el marketing turístico

Por Hernán Cousté

En estos días volví a pensar en algo que a veces pasamos por alto: el peso que tienen nuestros recuerdos en la manera en la que nos relacionamos con el mundo. No hablo de nostalgia como un ejercicio melancólico, sino como una puerta emocional que nos conecta con lo que fuimos, con lo que sentimos y, muchas veces, con lo que necesitamos volver a vivir.

Las redes sociales nos lo recuerdan cada día. Un “Hace 5 años…” puede mover más emociones que la mejor pieza publicitaria. Y ahí hay algo poderoso para quienes trabajamos en turismo: los destinos no solo compiten con otros destinos. Compiten con el recuerdo. Con esa playa que te hizo sentir libre. Con ese pueblo donde te enamoraste. Con esa montaña donde respiraste por primera vez después de semanas complicadas.

La nostalgia es una narrativa silenciosa que actúa como un ancla. Nos devuelve a un tiempo en el que fuimos un poco más nosotros mismos.

¿Qué tiene que ver esto con el marketing turístico?

Muchísimo.

El turismo, en esencia, no vende viajes. Vende emociones y significados. Cuando un destino logra activar una memoria emocional —aunque sea una que el viajero todavía no vivió, pero imagina—, se genera una conexión casi inmediata.

Creo que, como gestores, emprendedores y comunicadores, tenemos una oportunidad: usar la nostalgia como un puente, no como un truco. Como una forma de recordarles a las personas quiénes pueden volver a ser cuando viajan.

Algunas reflexiones que me vienen trabajando este tema:

🔹 La nostalgia no mira al pasado: ilumina un deseo.
Cuando un usuario comenta “tengo que volver”, en realidad está diciendo “quiero volver a sentirme así”.

🔹 Cada destino tiene una identidad emocional.
No es solo su escudo, su logo o su paleta de colores. Es esa historia interna que provoca algo en quienes lo visitan. Recuperarla en la comunicación le da vida a la marca.

🔹 Una foto antigua puede decir más que un video en 8K.
Porque no habla de la perfección, habla de lo humano. Y hoy lo humano es lo que más conecta.

🔹 Las redes sociales se convirtieron en álbumes colectivos.
Ahí se guardan los momentos que las personas eligen recordar. Y ahí mismo es donde los destinos deberían volver a entrar en escena.

¿Cómo podemos implementarlo en nuestras estrategias?

No se trata de hacer campañas “retro”. Se trata de poner al viajero en el centro de su propia historia. Recordarle quién fue y quién puede volver a ser.

– Crear contenidos que evoquen sensaciones más que datos.
– Invitar a la audiencia a revivir su primera vez en ese lugar.
– Mostrar cómo un destino cambia, pero mantiene su esencia.
– Hacer protagonistas a los recuerdos cotidianos, no solo a los íconos turísticos.

Todo esto construye una conexión más profunda, más humana y —sobre todo— más auténtica.

El turismo necesita volver a conectar con la emoción

En un mundo donde la comunicación se llena de ruido, la nostalgia es un susurro que todos escuchamos. Y creo que ahí está su fuerza: no interrumpe, toca.

Si logramos integrarla con criterio, con respeto por la historia de cada comunidad y con sensibilidad hacia lo que el viajero siente, no solo estaremos haciendo marketing. Estaremos construyendo algo más profundo:
un puente entre lo que alguien vivió y lo que está listo para vivir.

Y en ese puente, el turismo encuentra su razón más hermosa.